La vida es el mayor don que recibimos. El mayor drama de un ser humano es vivir sin esperar nada de la vida, no encontrar un sentido a lo que hace ni a su propia existencia.
Vive de tal manera que nunca te arrepientas de haber vivido. Vive para que al final no te encuentres “con las manos vacías y el corazón roto”.
Nuestra sociedad y nuestra cultura se ha cimentado en la hipocresía y en el engaño, en la apariencia y el disimulo. Vivimos en una sociedad tremendamente hipócrita y aparentemente tolerante, superficialmente madura y artificialmente engañosa.
Un refrán árabe dice que hay cuatro cosas que no vuelven: la palabra pronunciada, la flecha disparada, la experiencia tenida y la oportunidad desperdiciada.
El mundo necesita grandes dosis de alegría para encontrar su verdadera identidad, que no es otro que el amor, el amor místico purificado y creador permanente.
El mundo necesita grandes dosis de alegría para encontrar su verdadera identidad, que no es otro que el amor, el amor místico purificado y creador permanente.
El Vaticano II decía: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (G.S. 1)!
LA CAPACIDAD DE ESCUCHAR ES EL PRIMERO DE LOS SERVICIOS.
Hay actualmente una necesidad de escuchar a los demás. Ya D. Bonhoeffer afirmaba con claridad: “el primero de los servicios que uno debe a los demás de la comunidad consiste en escucharles”.