El amigo es un compañero de viaje que contagia con su presencia los caminos del peregrinar que llevamos y en los momentos de dolor está sin preguntar, sin exigir, sin controlar, sin criticar, sin huir. ¡Si, como bien decía Gregor, “Un amigo es mas que un hermano, más que un padre. Bueno, es otra cosa, es un compañero”!
El amigo es la llama de nuestra hoguera que arde sin consumirse aún sin estar cerca.
El amigo nos recrimina con la máxima caridad nuestros fallos pero fíate de él cuando te mira a los ojos y te dice verdades como puños. No esperemos un amigo adulador y calculador, ajeno a la verdad y a la crítica. Ya lo decía Alfred de Muset: “Lo malo del amigo es que nos dice las cosas desagradables a la cara; el enemigo las dice por la espalda”.
Gibrán decía que ”vuestro amigo es la contestación a vuestras necesidades".
“Amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les ruega, y nuestra desgracia sin ser llamados”, afirmaba sabiamente Demetrio de Falerea.
También el libro del Eclesiástico tiene palabras preciosas para el amigo: "Un amigo fiel es un talismán: el que teme a Dios lo alcanza" (Eclo 6,16); "No deseches al amigo viejo,
porque al nuevo no lo conoces; amigo nuevo es vino nuevo: deja que envejezca y lo beberás" (Eclo 9,10). ¡Por favor, si tienes un amigo cuídalo, ámalo, protégelo, invítalo!